Cuando
llegaba la cosecha, el pueblo se llenaba de trovadores, charlatanes y músicos.
Un año llegó un extraño buhonero, abrió un bolsillo y puso ante nosotros algo
que llamó arco iris. Recuerdo ahora haberle seguido, seguro de que era él quien
pintaba aquellos colores, con algún truco, aún cuando pareciese imposible.
Poco después me convertí en un hombre, incrédulo y aburrido.
Poco después me convertí en un hombre, incrédulo y aburrido.
61 días para
que termine el año
61
palabras
Pues sí, Luisa, puede ocurrir, que con los años se pierda la inocencia…
ResponderEliminarMe gustó.
Buen finde.
Y le llaman "madurar"...
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