Todas las
mañanas se cruzaban en la calle a la misma hora y él siempre tenía en los
labios un piropo para regalarle.
Sin embargo,
llegó un día en que él no apareció a tiempo; ella no perdió el tiempo pensando
si él se habría puesto enfermo o si le podría haber pasado algo malo,
simplemente dejó todos los piropos tirados en la acera y cambió para siempre su
camino al trabajo.
72 días para
que termine el año
72
palabras
Bah, seguro que encuentra a otra a quien dedicarle esos piropos.
ResponderEliminar"Tirar los piropos a la acera" qué imaginación tienes amiga... :-)
Feliz semana Luisa.