Mientras
miro como duerme, pienso que nunca fue un buen marido, que intentaré que sea un
buen padre y que yo, sólo soy el fantasma de la mujer que fui.
Me
acerco a su oído, le susurro todo tipo de consignas, consejos y amenazas y
espero que las palabras calen en su cabeza ahora que está entretenido soñando.
Creo
que todo empezará a ir bien. Ha dejado de gritar a los chicos sin motivo alguno
y, a veces, mira por encima de su hombro cuando siente que el aire se mueve a
su espalda pero no me ve, claro.
99 días para
que termine el año
99
palabras
Fantasma, fantasma...¡Muy bueno!
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