De
niña devoré todos los cuentos, crecí creyendo en los príncipes azules, en las varitas
mágicas y en que los deseos se pedían de tres en tres. Después la vida fue
cambiándolo todo, lo que podía pedir y lo que se me concedería, lo que me sería
dado.
Hoy paseo por el bosque con mis
hijos y les alejo cada vez un poco más de casa, vigilo que no dejen un rastro
de migas o de piedras detrás de sí y me aseguro de que no vayan a volver sobre
sus pasos. Y, entristecida, descubro con sorpresa que aún queda algo de magia
en mí y pido tres deseos: que mis hijos, a los que abandonaré, encuentren una
casa que les dé abrigo; que en ella haya alguien que pueda cuidarlos y que ese
alguien no sea una bruja como en la que se ha convertido su madre.
148 días para
que termine el año
148 palabras
148 palabras
Fuerte, Luisa, muy fuerte. Uf.
ResponderEliminarUn abrazo.
Dramático, sí. Y una excelente versión de un clásico, mezclada con la realidad de muchas madres que, en algún momento, se enfrentan con la tragedia de sus propias vidas. Muy bueno, Luisa.
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