Harta
de ser la última de las vocales, de estar en la cola para todo, se apuntó a
clases de pilates y fue a un taller de corte y confección.
Fueron
algunos meses de trabajo callado y constante alegando una preocupación por su
peso y una afición que estaba muy lejos de tener; pero al final llegó el día en
que, estirándose con suavidad, logró que sus extremos se tocasen hasta poder
coserlos, comprobando que estaba aceptablemente cómoda y, lo que era mejor aún,
que el cosido parecía poder aguantar durante un tiempo. Se miró entonces en el
espejo y la imagen que encontró en él la llenó de satisfacción: aquello era más
de lo que se había atrevido a soñar nunca.
Ahora, con su
nuevo aspecto, podría hacer realidad la ansiada venganza: introducirse en
algunas palabras en lugar de su odiosa compañera y, más tarde, descoserse. Sí,
sería genial poder infiltrarse en vocablos como… bala, pare, mala o pata.
Las
dos últimas sílabas le arrancaron una carcajada y, antes de darse poder
evitarlo, los hilos… cedieron.
177 días para
que termine el año
177
palabras
Jaja si es que eso no podía durar siempre y cuando uno ríe es cuando más cerca está de ser quien es.
ResponderEliminarUn abrazo Luisa.
Tienes una imaginación desbordante , Luisa.
ResponderEliminarMe gustó
Rosy
Se descosió de risa, como decimos por aquí... habrá que revisar bien las vocales, entonces, antes de pronunciar una palabra que pueda resultar fatal.
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