Desde que la
rubia que leía “Guerra y paz” bajó del autobús, viajamos en el más absoluto de
los silencios, mirando la realidad a través de los sucios cristales como si
fuésemos peces, boqueando y con los ojos abiertos, siguiendo un trayecto
circular que recorre la ciudad una y otra vez en un tiovivo sin fin lleno de
niños que nadie espera y que nadie quiere. De repente el conductor modifica
ligeramente nuestra ruta y sacudimos parte del sopor con un pestañeo; es una
mujer rubia, con un manoseado libro gordo en las manos y una portada que
reconozco, la veo avanzar por el pasillo del autobús buscando un hueco y, por
un momento, pienso que esta mujer ha de ser la rubia que se apeó, que ahora
vuelve. Y elijo como todos aferrarme a mi sitio y a mi silencio, decido no
sentir y olvidar, escojo no saber qué se siente ahí fuera, donde la vida vive y
pasa el tiempo.
162 días
desde que empezó el año
162
palabras
Un autobús convertido en tío vivo, para no vivir. Estupendo.
ResponderEliminarAbrazos.
Pero tendrás que bajarte, algún día.
ResponderEliminarPrefiero vivir y sentir, de otra manera "estás muerto".
Me gustó Luisa.
Yo también prefiero bajar y leer y ver qué pasa pero... en ese autobús, en que no pasa nada, un limbo, uno se vuelve vago para todo, incluido vivir, con lo terrible que puede ser eso.
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