Cada vez que
suenan las sirenas, mi madre nos propone que juguemos al escondite intentado
ocultarnos el miedo que le baila en los ojos. Después corremos hacia el refugio
y, una vez en él, entre risas forzadas, los mayores nos repiten que no pasa
nada o nos piden que recemos, justo antes de que lleguen los aviones haciendo
el silencio. Más tarde, atravesando el polvo, salimos de puntillas y comenzamos
a inspeccionar la nueva realidad, con la que habremos de convivir hasta el
siguiente bombardeo.
Es la guerra,
lo sabemos. Y mientras nuestra madre pasa las noches abrazada a la almohada,
harta de llorar y de no encontrar consuelo, nosotros convertimos en cunas
viejas cajas de zapatos y cantamos nanas en voz baja mirando al suelo; hemos
dejado de jugar a policías y ladrones, a indios y a vaqueros; nos vemos
obligados a entretener el tiempo mientras esta guerra nos va quitando los
juguetes y las ganas de juegos.
159 días
desde que empezó el año
159 palabras
159 palabras
Independientemente de otras cosas, este micro tiene un defecto, tiene una rima en "e-o" que se va repitiendo de principio a fin.
ResponderEliminarHola Luisa. Pues tienes razón, es una cadencia que descoloca un poco. ¿La buscabas a propósito? De todas maneras la conclusión de juguetes y juegos contratando con indios y vaqueros o polcías y ladrones, me ha convencido. Un abrazo.
EliminarNo, no la busco. Me ocurre e intento escaparme pero... a veces....
ResponderEliminarTendría que intentar arreglarlo. Me lo apunto