Apenas comía. Era pálido, casi transparente.
Sus labios y sus ojos se confundían con el color de su piel. Vestía colores apagados
y grises. Apenas hablaba y prefería los susurros. Observaba todo fijamente. Parecía
no querer estar allí. Nada más alejarse de él se le olvidaba, pero ante su
presencia todos se sentían incómodos. En ocasiones parecía que algo le
atormentase, otras parecía asumir su condición de ser extraño con una sonrisa
terrible. Sus manos estaban heladas. Desconocía el llanto y la risa. A veces
parecía cojear o llevar una pesada carga; otras daba la impresión de flotar,
como si un único soplo de aire pudiese llevarle lejos. Era, sin embargo, fuerte.
No
podemos confirmar si alguna vez estuvo vivo, sólo sabemos que lleva años
viviendo como un fantasma. O eso parece.
132 días
desde que empezó el año
132
palabras
Lo que cuentas es crudo pero el giro final lo engrandece además.
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