Su mamá estaba
en el cielo, eso le había dicho mil veces papá mientras la acariciaba el pelo
con una de sus manos fuertes y grandotas y él no mentía nunca, como cuando
susurraba “otro día más y mejor”, al tiempo que guiñaba un ojo y la sonreía con
la más pícara de las sonrisas.
Ella lo había pensado bien o,
quizás, puede que no hubiera tenido que pensarlo mucho para estar completamente
segura de lo que quería.
Así, un día, aspiró todo el aire que
pudo, hinchó los pulmones, se tapó la nariz y la boca y esperó a que su cuerpo
se elevase como los globos de feria, para perderse en el cielo; pero pronto pudo comprobar que el aire se le
escapaba por las heridas, por esas que le hacía su padre cuando la visitaba por
las noches y recorría su delicada piel con esas manos grandotas.
150 días
desde que empezó el año
150
palabras
Muy fuerte lo que nos traes hoy, Luisa.
ResponderEliminarUn abrazo
A veces si, un poco.
ResponderEliminarHay que intentar que los lectores no se nos duerman en 150 palabras.