Un niño dibujaba en una hoja de
papel un niño que, como él, dibujaba. Y, cuando las puntas de los dos lápices
coincidieron en el mismo punto, los dos niños, el real y el de lápiz, pudieron
mirarse. El que era de carne y hueso deseaba desaparecer; el que estaba en el
papel esperaba, al contrario, que no le borrasen. Fue un instante mágico, un
momento denso y largo, en el que los dos niños recluidos en sus respectivos
mundos se envidiaron; fue un segundo en el que todo pudo pasar y sin embargo,
no pasó nada. El niño real siguió dibujando, el niño de lápiz fue
terminado.
Unos meses después, la vida vino
dolorosamente a demostrar cuán duradera puede llegar a ser la unión entre dos
mundos a la vez cercanos y distantes. El niño de carne y hueso desapareció, sus
padres acabaron enmarcando el de lápiz.
148 días
desde que empezó el año
148 palabras
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P-E-R-F-E-C-T-O.
ResponderEliminarPero como me pedías críticas el otro día solo te diría que en lugar de coincidir en el mismo punto coincidieran en el mismo "trazo", pero vamos, que es por decirte algo. Un abrazo.
Ay, qué triste. Es que no puedo evitar ponerme en la piel de esos padres.
ResponderEliminarBesos Luisa, impactante historia.