Sentado en el
comedor de la residencia de ancianos, esperando a que la sopa se enfriase,
descubrió algunas mesas más allá, seguramente recién llegada, a la mujer
alrededor de la cual haría girar el resto de su vida.
Supo que era ella
porque sus ojos no podían ni querían esconder nada a nadie; porque su mirada
estaba cansada, triste y apagada; porque… era como la de su mujer, rendida y
llena de años de nada.
La vida parecía
querer darle una oportunidad más. Le permitía luchar por iluminar aquellos ojos
y enmendar al menos en parte el pasado estéril y doloroso del que tan
responsable era. Sí, era ella, la mujer con lo que podría dar sentido a su
vida.
120
días desde que empezó el año
120
palabras
Esta escena que recreas me ha recordado a "Valentin y Josefa" los protas de la película, "Del rosa al amarillo", donde dos ancianos nos demuestran que nunca es tarde para enamorarse. Aunque tú en este micro y de forma magistral, nos cuentas algo más...
ResponderEliminarMe ha encantado, gracias Luisa.