Eran un
matrimonio y una niña de unos diez años. Me llamaron la atención por el modo
sincronizado en que dejaron sus móviles sobre la mesa del restaurante, antes incluso
de haberse sentado.
Después, durante
la comida, confieso haberles vigilado por el rabillo del ojo, del mismo modo
que ellos miraban disimuladamente las pequeñas pantallas de sus respectivos
aparatos.
No se produjo
ninguna llamada y pudimos comer en paz.
Sin embargo,
cuando pagaban, descubrí en sus rostros un gesto de decepción tal que, por un momento,
lamenté no tener un móvil a mano para hacerles una llamada y animarles la
tarde.
101
días desde que empezó el año
101
palabras
¡Qué final!, como condensas en él toda la historia.
ResponderEliminarMe gustó mucho.
Un abrazo
Muy bueno Luisa, describes una imagen muy habitual en estos tiempos, todos mirando al móvil, siendo el centro de atención en lugar de disfrutar del momento presente que están viviendo, me pregunto si realmente quieren estar ahí, tus palabras me llevan a pensar que no están dónde desean, sobre todo por ese sorprendente final.
ResponderEliminarTe dejo unos besos.