Después de
poner a punto mi casa, pedí a uno de los obreros que me ayudase con algunas
obras que quería hacer en mi vida.
Con su
inestimable ayuda, acabé con las goteras que me habían hecho las lágrimas,
saneé recuerdos, alicaté dolores, enyesé viejos miedos y pinté mi interior de
tonos suaves y cálidos.
La obra fue
costosa pero ahora estoy fantástica.
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días desde que empezó el año
63
palabras
¿Me darías el teléfono de ese obrero?
ResponderEliminarMuy bueno, Luisa.
Un abrazo.
No, que te lo quedas.
ResponderEliminarEso sí, hay más de los que parecen a simple vista
Y después me los mandan para acá. Me encantó. Ojo que conmigo pueden llegar a estar unos cuantos días hasta que me dejen en un estado más o menos potable, eh...
ResponderEliminarBesos van, Luisa.
Qué suerte!! Un arreglillo así y ¡adiós crisis emocional! (y psicólogos y depresiones y comeduras de cocos y mala leche y "atascos" vitales y...)
ResponderEliminarEstupendo micro con final optimista: ¡Bien!
Besos, Luisa.
Las manos de algunos obreros pueden llegar a ser mágicas. Bajo una piel dura y agrietada se puede esconder toda la poesía necesaria para una renovación vital.
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