Mientras los demás dormían la
siesta, él planchaba la oreja. Hubiese preferido hacerlo por las mañanas; pero, aunque sólo
tuviera una, ésta era tan grande que estirarla, plancharla y acomodarla después
sobre el cráneo no era algo que pudiera hacerse dormido y con prisas, había que
concentrarse.
Fue
su inmejorable aspecto por las tardes lo que le convirtió en el rey de las
fiestas.
64 días para
que termine el año
64
palabras
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