Nervioso, le
digo que no nos queda tiempo. Ella me sonríe y, al verla, tan tranquila, casi
creo sentir un amago de enfado, un enfado que no puede prosperar porque ambos
sabemos que nunca podré enojarme con ella.
-No nos queda
tiempo y lo sabes –le repito, quizás elevando un poco la voz.
-¿Cuánto
calculas que tenemos? –pregunta ella casi con desgana.
-Unas líneas
apenas.
Entonces se
lanza a mis brazos, me besa y, fundidos el uno en el otro, dejamos que llegue
el eterno punto final.
87 días para
que termine el año
87
palabras
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