Mientras suelto las pastillas en las hierbas altas y veo cómo mi mano se
va abriendo, ya sin fuerza, empiezo a sonreír. Después, atravesando el luz que
quema el solar que solemos usar, creo ver llegar la cara de Juan. Parece
preocupado, le oigo pero no entiendo lo que dice. Cierro los ojos y me dejo
llevar. No está claro que consiga irme. Algo me dice que otra vez se empeñará
en volverme a salvar.
75 días para
que termine el año
75
palabras
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