Treinta y cinco segundos antes de las doce de la noche del día treinta
y uno de todos los años la bola en lo alto del reloj bajaba; después, al compás
de doce campanadas comían doce uvas, tras las cuales se besaban y se deseaban
feliz año. Ahora se puede comprobar cuán hipócrita e inútil era esa costumbre,
ahora que ya no hay ni humanos, ni relojes, ni uvas.
69 días para
que termine el año
69
palabras
Jajajaja Luisa, cuán verdad… pienso igual.
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