Sin saberlo
llevan meses yendo al mismo salón de juegos, jugando por turnos en la misma
máquina. Ahora es ella quien la ocupa y él quien espera a que quede libre
observándola desde una cierta distancia. El juego por fin acaba. Ella pone una
vez más sus iniciales en la lista de récords y él descubre con asombro a su
eterno contrincante. Levanta los ojos. La mira. Las luces procedentes de la
pantalla están iluminando su cara.
77 días para
que termine el año
77
palabras
Una de tantas parejas, que no saben jugar juntos...
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