De la rutina
insípida de su oficina sólo podía salvarla a ella. No había nada mejor que
encerrarse en el pequeño despacho en que la habían instalado, rodearse del
delicado aroma del papel y explorar juntos el sin fin de posibilidades que la técnica
les ofrecía. Nadie le dedicó más tiempo y, muy pronto, a su modo, ella les hizo
saber que le pertenecía: en cuanto cualquier otra persona la tocaba, la
fotocopiadora se atascaba, no fallaba nunca.
78 días para
que termine el año
78
palabras
jeje las máquinas, lo quieren controlar todo...
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