El
libro entró en el local. Había estanterías por todas partes, llenas de hombres
y mujeres expectantes y aparentemente dispuestos a llenar de imágenes sus
páginas en blanco.
Eligió,
para que le escribiese, una mujer que aparentemente no podía dejar de mover los
dedos y que le miró con descaro. Los demás, ajenos a todo, parecieron no darse
cuenta de nada; tenían la mirada fija e hipnotizada, como si estuvieran viendo
la televisión y les gustase que les diesen todo hecho, como si hubieran perdido
la capacidad de imaginar o de fantasearse.
92 días para
que termine el año
92
palabras
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