Hace
algunos meses, podando mi bonsái preferido, me pareció observar algo entre sus
ramas. Temí una infección, una plaga; pero poco después concluía, con auténtica sorpresa, que era una familia de
pájaros.
Eso
me hizo pensar, elucubrar, y hoy, no sin miedo, estoy dispuesto a arriesgar el
árbol. Lo cambiaré de tiesto, cubriré sus raíces con tierra arcillosa y las
anegaré, hasta tener una buena cantidad de barro. Por lo que he leído, no hace
falta mucho más para que, de una mezcla de agua y tierra, salga un ser humano.
91 días para
que termine el año
91
palabras
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