Miro mi reloj, se ha parado, y a
la vez soy consciente de que continúa la discusión de la pareja en el banco del
parque. Muevo las manecillas mientras les escucho, incapaz de zafarme de las
hirientes palabras que llenan el aire. Y justo cuando pongo en hora el reloj,
el hombre y la mujer se callan, se miran como si nunca se hubieran conocido y
se levantan para irse cada uno por un lado.
Ahora, un
momento después, tiempo y vida ya en marcha, empiezo a preguntarme: ¿la
discusión acabó de forma precipitada o fui yo quien, de algún modo que no
alcanzo a comprender, hizo que terminase?
109 días para
que termine el año
109
palabras
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