Puede que la idea fuese parida
entre el ruido de hielos y risas sofocadas; pero, contra todo pronóstico, una
vez superada la correspondiente resaca, logró afianzarse en sus cabezas hasta
alcanzar la categoría de promesa inexcusable. Por este motivo, cuando acabaron
la carrera y para celebrarlo, los estudiantes usaron el poco dinero disponible
en apuntarlo a un curso de buceo y tirarlo con honores al agua.
Fue
así como uno de los esqueletos de la facultad acabó en el fondo del
Mediterráneo, vestido de buzo, sonriendo en cualquier caso, como sonrieron al
ver la extraña noticia algunos médicos ya jubilados.
100 días para
que termine el año
100
palabras
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