A
primera vista aquel lugar en mitad del océano era como cualquier otro, pero el
recuerdo de algunas buenas capturas hechas en esas aguas hacía que volviese
cada cierto tiempo. Tiraba mi red en un movimiento envolvente y amplío y,
después, dejaba que el tiempo pasase; divagaba, soñaba, me perdía en las nubes,
jugaba con la espuma, hasta que subía la malla a cubierta, intentando calibrar
por el peso si el esfuerzo y el tiempo estaban bien empleados, sabiendo de
antemano que lo que verdaderamente vale es la calidad de la pieza, sus
significados. Después, tras escoger algunos ejemplares, devolvía el resto al
agua.
Y es que no hay nada más triste que un montón de palabras boqueando como peces agonizantes, más aún cuando puede que las necesites en otra ocasión, en cuanto quieras escribir otro microrrelato.
Y es que no hay nada más triste que un montón de palabras boqueando como peces agonizantes, más aún cuando puede que las necesites en otra ocasión, en cuanto quieras escribir otro microrrelato.
137 días para
que termine el año
137
palabras
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