Desde que estoy en coma, he cambiado. Para un hombre que nació en otra
época asistir a las conversaciones de sus cuidadores, oír sus chistes verdes y
cómo tontean, es lo mejor que me ha pasado. Gracias a ellos, a sus charlas y a
sus risas, se ha despertado mi imaginación y he encontrado en ella el mejor
aliado para la vida que llevo. Por contra, al otro lado de la balanza y para
recordarme lo que fui, están las visitas de mi mujer; me besa con los labios
secos y cerrados en la frente, me cuenta lo de siempre y suspira.
Afortunadamente siempre hay una enfermera que entra o sale, que quiere
comprobar cómo estoy, y su voz o su perfume logran que mi imaginación me ayude
a huir, también en tiempo de visita, mientras me repito que no despertaré, que
no quiero hacerlo.
145 días para
que termine el año
145
palabras
Vaya por dios, cómo ha de ser su vida cuando el pobre no quiere despertar.
ResponderEliminarMuy bueno Luisa.