La madrastra, aparte de dos hijas feas y bastante mal humor, tenía una
biblioteca a la que sólo dejaba entrar a Cenicienta con el único propósito de
que evitase que se posase el polvo. La joven, aún cuando tenía demasiado
trabajo, pronto supo encontrar en aquella habitación una oportunidad para
olvidar su día a día, disfrutar de breves periodos de soledad y alejarse de
caprichosas órdenes.
Fue entonces, por casualidad, cuando descubrió los cuentos clásicos.
Con sorpresa leyó que su destino estaba escrito y con decisión se
preparó para afrontarlo: estudió la historia del país que reinaría, se formó en
diplomacia y relaciones internacionales, aprendió un par de idiomas y decidió
que sería una reina discreta y cercana.
Después llegaron el baile y el zapato.
Y vivieron felices y fueron buenos gobernantes; pero nada logró evitar
que únicamente el fetichismo enfermizo de su marido dejase huella en los anales.
149 días para
que termine el año
149
palabras
No hay comentarios:
Publicar un comentario