Cuando desenvolví el regalo, me pregunté qué podía habérseles pasado a
mis amigos por la cabeza para que me comprasen un barco dentro de una botella.
Además, y para acabar de mosquearme, uno de ellos dijo: “nos han dicho que es
un verdadero espectáculo si metes un par de hielos dentro”, comentario tras el
cual todos comenzaron a reírse burlándose, eso creo, de mi creciente afición
por la bebida.
Durante un tiempo el barco estuvo en mi despacho, una habitación que no frecuento mucho y que uso como trastero; pero, hace unos meses, sintiéndome tan idiota como borracho, acabé por meter en la botella un par de cubitos.
Atónito, presencié cómo el barco se partía en dos, cómo las mujeres eran embarcadas en los botes salvavidas, cómo los hombres rezaban y morían y... ¡aquella música!
Confieso que lloré y que, desde entonces, no he vuelto a emborracharme.
Durante un tiempo el barco estuvo en mi despacho, una habitación que no frecuento mucho y que uso como trastero; pero, hace unos meses, sintiéndome tan idiota como borracho, acabé por meter en la botella un par de cubitos.
Atónito, presencié cómo el barco se partía en dos, cómo las mujeres eran embarcadas en los botes salvavidas, cómo los hombres rezaban y morían y... ¡aquella música!
Confieso que lloré y que, desde entonces, no he vuelto a emborracharme.
147 días para
que termine el año
147
palabras
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