-No
sé por qué los escribes, qué placer encuentras en hacerlo –repitió ella.
Durante
años le intenté explicar que eran como la vida, detalles que se suman: el
frenazo de un camión ante un niño que cruza la carretera, la mirada con la que
me conquistó aquel día, una carcajada o un golpe de tos, la ráfaga de aire que
voltea el paraguas, un recuerdo volviendo machaconamente a la memoria, la
descarga que puede producir un roce de piel, el odio materializándose en un
disparo, la pizca de sal en las comidas, la orden del general, el último
movimiento con el que se gana una partida de parchís, el soplo de las velas de
una tarta de cumpleaños, la caída de una lágrima,...
-Mis
microrrelatos son así –concluía siempre-, instantes de vida.
Tiempo
más tarde ella salía de casa dando un portazo empujando una maleta llena de
novelas.
Hoy
he de confesar que ella tenía en parte algo de razón, sin ir más lejos y aunque
me duela, he descubierto que olvidarla es una de esas tareas que parecen no
terminar nunca.
182 días para
que termine el año
182
palabras
"Instantes de vida", me gusta para definir lo qué es un micro.
ResponderEliminarLo mejor, la narrativa del "tronco".
Rosy
el qué, sin acento, mucho mejor...
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