Como todas las
noches, tras pasar el día en los billares, entré en casa buscando la cena. Me
sorprendió no encontrar a la vieja, escondida tras esa revista de pasatiempos
de la que no se separaba nunca. Recorrí con la mirada las sucias habitaciones
de la casa hasta descubrir, sobre la mesa de la cocina, la sobada publicación.
Me acerqué a ella. Abierta de par en par, parecía querer mostrarme cómo,
después de una infinidad de intentos, mi madre parecía haber encontrado la
solución al mayor laberinto que yo había contemplado en mi vida, incluso me
pareció ver como la última huella dejada por un lápiz era borrada ante mis ojos
y a toda prisa.
De la vieja no
sabemos nada desde entonces. Por mi parte, confieso que guardé aquella revista
y también que, como mi madre, he empezado a mirar el inmenso laberinto a todas
horas y hasta puede que un día de éstos me decida a seguirla.
159 días para
que termine el año
159
palabras
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