Miró
la superficie que se encontraba frente a él. Se sentía impotente e inútil, y
eso no ayudaba a que amainase la indignación que desde hacía meses le dominaba.
Sus manos temblonas parecían no querer responderle, era cierto, pero su corazón
y su cerebro habían decidido que tenía que salir, que tenía que protestar, aunque
casi no se pudiera creer que, a sus años, tuviera que gritar detrás de una
pancarta para que dejasen de pisotear sus derechos.
-¿Necesita
ayuda, abuelo?
-Gracias,
creo que hace demasiado tiempo que no hago algo parecido; pero, tranquilo, no
quiero entretenerte.
-¿Entretenerme?
Al contrario, le debo un favor; usted me ha enseñado alemán y gracias a eso he
podido encontrar trabajo.
-No
he ido a muchas manifestaciones, ¿sabes?, en mis tiempos nos pegaban.
-Y
yo nunca pensé que mis estudios no servirían para nada.
-Siento
vergüenza de este país, de lo que han hecho con él, de cómo se aprovechan de
todos nosotros.
-Aprovéchese
usted de mí. ¿Qué quiere que le escriba bien grande?
170 días para
que termine el año
170
palabras
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