Tras la muerte de
su mujer y algunos meses de duelo, decidió enfrentarse a todas esas cosas que
se habían quedado, como él, sin dueña.
Libros por leer o
para releer siempre. Recortes de recetas de cocina. Dos regalos envueltos a la
espera de cumpleaños. Un frasco de colonia sin abrir. Ropa que no había visto
nunca. Nombres y números desconocidos en la agenda del móvil. Algunas llamadas
guardadas que no había hecho él. Y un ordenador, un portátil inundado de los correos
de un hombre que decía amarla y al que ella parecía corresponder.
Tras no pocas
dudas, se puso en contacto con él y quedaron para conocerse.
Hablaron durante
horas pero, al acabar la tarde, cuando se despedían para siempre en mitad de la
calle, estaban seguros de que la mujer de la cual estaba enamorado el hombre
que tenían enfrente no era la suya, que al menos había dos versiones distintas
habitando el mismo cuerpo, que era única la ausencia que ella había dejado en cada
uno de ellos y que el otro jamás podría ni adulterar su recuerdo.
182 días
desde que empezó el año
182
palabras
Pienso que muchas veces, somos lo que la otra persona quiere ver que somos.
ResponderEliminarMe invitas a reflexionar, me gustó Luisa.
Un abrazo