Era una ciudad
grande, gris y fría. Los hombres que la habitaban recorrían sus calles a prisa,
cabizbajos y silenciosos, como huyéndose, dolorosamente solos sin saberlo
siquiera. El cielo permanentemente encapotado y, bajo él, una nube de denso
silencio. A veces, muy de vez en cuando, caía una lluvia fina y sucia, como una
baba, que, lejos de lavarlo todo, manchaba la realidad con el color del moho.
La lluvia era
lo mejor. No había nada, no había otra cosa, que hiciese que aquellos hombres
invisibles se olvidasen de su eterna rutina de huidas. Al cabo de unos minutos
de iniciarse, se paraban absortos y perplejos junto a un charco, luciendo una
mueca que quizás era una sonrisa, y perseguían la desganada caída de las gotas
o el reflejo negro del agua en las aceras.
Afortunadamente
nunca salió el sol; por suerte, nunca sintieron la sombra efímera de un arco iris. Aquellos hombres
habrían muerto de felicidad y la ciudad se habría quedado tan silenciosa como
siempre, tan vacía.
169 días para
que termine el año
169
palabras
Qué triste y negro todo, Luisa, leer tu micro y valorar más un minuto de gloria que toda una eternidad en la sombra,
ResponderEliminar¡Qué bien sienta ver el sol!. Lo haces adrede no? jajajaj
Un abrazo
Rosy
Uy qué sensación me ha dejado leer este micro ¿cómo se puede vivir sin luz, sin sol? no, ese lugar no sería para mí.
ResponderEliminarBesitos Luisa.