Mientras
desayuno leo la lista de la compra que mi esposa ha dejado junto al frigorífico
y me sorprende descubrir, entre la fruta, la palabra “chocolate”, algo que hace
años que no comemos; pero, ¿qué me extraña?, ¿es que no pueden haber cambiado
sus gustos sin yo saberlo? E inmediatamente después, curiosamente, creo
recordar nuestra primera cita y así, con una sonrisa en la boca, salgo de casa
sin despedirme, como he hecho siempre.
Sin
embargo, cuando llego al trabajo, ya he hecho memoria y sé que el chocolate no
tiene relación con nada nuestro. Si lo pienso un poco, puedo recordar que no sé
por qué quedamos aquel día o por qué nos casamos pasados unos pocos meses;
incluso, soy capaz de afirmar que, desde Navidad, apenas nos hemos hablado o,
también, que no sabría decir de qué color tiene el pelo.
Entonces,
sólo entonces, la comprendo: yo también quiero chocolate, siempre pensé que así
es como saben los besos.
161 días para
que termine el año
161
palabras
Si, eso dicen, que el chocolate es sustitutivo de algo.
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