Abrió los ojos y sobre él cayó
una resaca mayúscula. Lo de siempre, pensó, lo que es justo después de una
semana de trabajo de mierda.
Se levantó no sin esfuerzo y fue hacia el cuarto de baño; una buena ducha, unos tragos largos de agua y volvería a ser el mismo, listo y preparado para la siguiente juerga.
Se levantó no sin esfuerzo y fue hacia el cuarto de baño; una buena ducha, unos tragos largos de agua y volvería a ser el mismo, listo y preparado para la siguiente juerga.
Fue
al empezar a extender el jabón por su cuerpo cuando sintió algunos dolores.
Tras proferir los tacos habituales resumió: “como si me hubieran dado una
paliza”. El contacto vigoroso de la toalla no mejoró la cosa. Limpió el vaho
del espejo y se miró: un ojo a la funerala, el labio partido y un morado
prometiendo ir a peor. De repente tres piezas parecieron encajar en su cabeza:
el acoso de la desagradable gitana, la maldición que le había dedicado y la
paliza que había dado a su mujer al volver a casa, como cada vez que bebía.
Salió
del baño. Ella sonreía.
163 días
desde que empezó el año
163
palabras
El que las hace las paga... Bien por la gitana. Y por la escritora.
ResponderEliminarSi ya lo dicen los entendidos, si bebes no te acuerdas de na.
ResponderEliminarLuisa, yo también he sonreído con ese final.