-Obedecía
órdenes –ha repetido hasta la saciedad el hombre que tengo delante intentando
justificar sus crímenes-. Era un soldado, sólo eso.
-Yo,
en cambio, pienso que eres algo más.
Me
ha mirado con curiosidad, con sorpresa incluso, y yo he hecho que vea esas
fotos que conozco de memoria, le he obligado a oír las grabaciones con los
gritos de la gente y los silencios.
Creo
que ya está empezando a quebrarse, eso espero.
Dentro
de un rato le llevaré la cena, le daré las buenas noches y le dejaré solo; le
trataré como el hombre que ha sido siempre y quizás, si tiene suerte, el dolor
que causó empezará a atravesarle de lado a lado. Puede que entonces comprenda
que nosotros no torturamos, no ejecutamos, no eliminamos a aquellos que no
comparten nuestro punto de vista; puede que entienda que los crímenes siempre
hacen mella en el corazón de los hombres, sean éstos soldados o víctimas, que
nada ni nadie puede justificarlos y menos aún un uniforme.
168 días
desde que empezó el año
168 palabras
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Profunda esta entrada.
ResponderEliminarLa frase final, desde el punto y coma, yo se la haría copiar al HOMBRE un millón de veces hasta que se la aprenda.
Me gustó Luisa.
Rosy