Desde que me
arrestaron como cómplice de asesinato hasta hoy, he repetido sin cesar que sólo
soy un lector; pero ahora, encerrado en esta celda de paredes de papel y
barrotes de tinta, hago repaso y descubro como el autor de la novela que estaba
leyendo me ha atrapado.
He dejado mis
huellas en cada página, puede incluso que encuentren ADN ya que suelo chuparme
el dedo justo antes de pasarlas. Sonreí cuando el detective privado
fotografiaba al amante y sospecho que quizás entonces también a mí me disparó
con la cámara. Admito que me paseé por el lugar del crimen sin poner demasiado
cuidado. Recuerdo haber expresado mi opinión sobre la profesionalidad del
asesino y lo acertado que era que ese personaje, el asesinado, desapareciese de
la trama, creo que hasta podrían haberme grabado. En mi cuenta bancaria ha habido…
De repente me
siento observado.
Levanto la
cabeza. Reconozco la mirada del autor, son los ojos que me miraban desde la
contraportada. Su mano atraviesa el espacio, empieza a dibujar alrededor de mi
cuello una “o” y acaba asfixiándome.
180 días desde
que empezó el año
180
palabras
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