Mis
padres son unos profesionales del disfraz, lo sé porque soy su hijo; aunque,
como son tan buenos, me ha llevado años averiguarlo. Él es genial tras su
máscara de funcionario, mi madre borda el papel de contable, él es único
simulando ser un buen vecino y ella no tiene rival como amante esposa.
Yo
siempre les admiré profundamente pero no era bueno como ellos, no tanto.
Lo descubrí en
una de esas reuniones familiares que todos odiamos. Oí un comentario
desagradable y, antes de darme cuenta, disfrazado de asesino, empujaba bajo la
cama el cadáver de la tía Herminia; momento en que mi padre entró en la
habitación y dijo “qué has hecho, hijo” para inmediatamente después adoptar el
papel de chivato. ¡Qué reflejos, qué tío! Su actuación fue tan buena que acabé
con los huesos en la cárcel pero, tras el correspondiente enfado, mi estancia aquí
me ha servido para mejorar bastante.
Salgo mañana.
Estoy deseando llegar a casa, quiero sorprenderles con mis nuevas habilidades y
demostrar que soy el hijo que esperaban.
175 días
desde que empezó el año
175
palabras
Este es bueno Luisa, fina ironía, mucho y bien narrado, en tan pocas líneas.
ResponderEliminarUn abrazo de... ¡que bien se estará vagueando!
Tremendo este micro, esos padres, ese hijo, uf, no, no quiero un hijo así.
ResponderEliminarBesos Luisa, sigue disfrutando que aquí te seguimos leyendo.