Madre e hijo
se agachan junto a la cama. Él levanta ligeramente las mantas e ilumina debajo
con una pequeña linterna, dirige el haz de luz a todos los rincones mientras,
en silencio, su madre le mira. Después se levantan y, cogidos de la mano, se
acercan al armario, lo abren y comprueban una vez más que allí dentro no hay
más que ropa. Se quedan un momento en pie, un instante apenas, hasta que la
mujer inicia un movimiento hacia la cama y se mete en ella; sólo entonces el
niño se le acerca, le dice las palabras mágicas con las que logra que ella
luzca una sonrisa: “cuatro esquinitas tiene tu cama, cuatro angelitos que te
acompañan” y le da un beso en la mejilla, para después salir de la habitación
dejando la puerta abierta y la luz del pasillo encendida.
Hace mucho que
el monstruo desapareció de sus vidas; entonces ella le protegió a él, ahora es
él quien la cuidará hasta que sanen las heridas.
169 días
desde que empezó el año
169
palabras
Me gustan estas entradas Luisa, porque te mueven por dentro.
ResponderEliminarGracias, es un piropo buenísimo.
ResponderEliminarOjalá.