Fuimos cuatro.
Cuatrillizos. Y si algo aprendimos desde el principio es que sentíamos a la vez
lo mismo y que, aún siendo cuatro, para todos éramos transparentes y sólo uno.
Pasamos la
niñez como pudimos, huyéndonos codo con codo, de continuo; y en cuanto pudimos
irnos de casa, hicimos nuestras maletas y empezamos a luchar por ser aquello que
no podíamos ser estando juntos: ser tan sólo seres únicos.
Pasaron los
años, toda una vida, y los cuatro enterramos a nuestros hermanos en el olvido.
Sí, lo hicimos, hasta que el futuro nos hizo coincidir a bordo de este
turístico crucero espacial, junto a nuestras familias que eran como fotocopias
unos de otros, perseguidos por los ojos interrogadores de nuestras mujeres y
por el silencio perplejo de nuestros hijos.
El destino nos
ganó la partida y ya no hay escapatoria posible. Por eso hoy, dibujando la
misma sonrisa en nuestros rostros, hemos coreado a un tiempo las mismas
palabras: Titanic, qué nombre más oportuno.
164 días
desde que empezó el año
164
palabras
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