El libro
parecía inocente, hasta un poco aburrido. Leyó por encima la contraportada y
pensó que sólo podía haber sido escrita por un loco conocedor de la particular
psicología del marketing y de la natural rebeldía de los humanos frente a
cualquier consejo; en otras palabras, era un texto lleno de advertencias, de
avisos, de llamadas al pánico y, tras su lectura, nadie podía evitar la
irresistible tentación de comprarlo.
Días después,
iniciada ya su lectura, le era imposible separar los ojos de aquellas páginas.
Dejó de afeitarse, llamó al trabajo alegando una gripe, se olvidó de comer y de
ducharse porque… sólo quería leer y leer, sin parar, hasta el final, para justo
después empezar a lamentar que se hubiese acabado.
Cuando los
vecinos dieron la voz de alarma por el mal olor que salía del segundo, los
bomberos tiraron la puerta y la policía encontró el cuerpo inerte de un hombre
con la cabeza atrapada por las tapas del ejemplar que estaban buscando, un
asesino en serie que una editorial independiente sin escrúpulos había clonado en
una elevada tirada.
181 días
desde que empezó el año
181
palabras
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