Durante
toda la noche (una fría y sin estrellas, como parecen que lo son todas desde
que decidiste irte) el perro (el que te regalé, el que te negaste a llevar
contigo cuando te fuiste, el animalillo lloroso, baboso y lleno de manías
absurdas que no educamos nunca) no paró (como tampoco yo paro de pensarte, de
odiarte, de echarte de menos, de quererte, de decirme que no, que ya no, para
volver a empezar a darle vueltas y a pensarte) de ladrar (algo que me gustaría
poder hacer yo, ladrar, aullar, gritar en la noche el dolor de tu ausencia,
sentir que los otros me responden, hablar del amor y del desamor, dejar de sufrirte
solo, de quererte solo, de echarte de menos solo; alborotar y que llegue a tus
oídos y que alucines y que pienses, sólo una vez más, si hiciste bien en irte,
que pienses y te convenzas de que has de volver, de que estamos mejor juntos).
Durante
toda la noche el perro no paró de ladrar.
Y
yo, en silencio, como siempre.
178 días
desde que empezó el año
178
palabras
Y es que los perros empatizan mucho...
ResponderEliminarMuy original la forma de narrarlo, con una frase de diez palabras,
te has montado este micro, genial, ¡que me ha encantado!.