Llegó
a casa cuando no la esperaba y me encontró en el baño cortándome las venas. Me miró y dijo:
-Intenta
no salpicar mucho, cariño, la sangre se quita fatal.
Y
sólo por ella, lo dejé, pero no me lo agradeció, porque no lo ha hecho nunca,
como tampoco ha valorado mi esfuerzo por tenerla contenta.
De
modo que, con el cuchillo en las manos, la seguí al dormitorio y, antes de que
se diese cuenta, la había dejado descansando en la cama después de arrancarla
un gemido como hacía mucho que no le oía.
De
nuevo en el servicio, en su memoria, seguí su sabio consejo y tuve buen cuidado
de que ninguna gota cayese fuera de la bañera.
De
modo que, cuando la señora de la limpieza llegue mañana y nos descubra, espero
que se asuste y enfade con ella, y que entienda mi sonrisa.
147 días
desde que empezó el año
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