Le jubilaron.
Llegó un día, el de su cumpleaños para más señas, y le jubilaron. Con buenas
palabras y una sonrisa, pero le pusieron en la calle.
Su mujer desde
el primer momento demostró no comprender nada y no tener sensibilidad alguna.
Primero le dijo que no sabía cual era el problema, que él tenía que saber que
aquel día iba a llegar. Después se puso bastante pesada hablando de clases,
reuniones y viajes que muy poco o nada le apetecían. Más tarde,
afortunadamente, cerró la boca; le miraba con un gesto de incomprensión, se
encogía de hombros y se iba a la calle con sus amigas.
Él, por su
parte, siguió preso de su dolor, sentado en una silla, dejando que la vida
pasase ante ella. “Me jubilaron” y aquellas palabras rebotaron entre sus sienes
hasta que el corazón dejó de golpearle en el pecho.
146 días
desde que empezó el año
146 palabras
146 palabras
Qué triste Luisa, la asignatura pendiente de tomarse la jubilación como el final y no como el principio de una vida... diferente, sin reloj, sin prisas, con experiencia para seguir descubriendo.
ResponderEliminarPreciosa esta entrada.
Un abrazo