Regordeta como pocas empezó a
deslizarse inmediatamente hacia abajo y, mientras unas se le unían y otras
indiferentes la dejaban pasar, una pregunta estaba en el aire: ¿lograría llegar
al final o se consumiría antes?
El acompasado sonido de la lluvia
era la mejor banda sonora para su avance, pero muy pronto pareció evidente que
perdía masa demasiado rápido.
Sin embargo, ocurrieron dos cosas
inesperadas: algunas gotas se le sumaron cuando el chaparrón arreció y un dedo
infantil la señaló dándole un protagonismo y una importancia hasta ese momento
inimaginables.
Así, cuando la gota llegó a la parte
inferior de la ventana y desapareció, todo había cambiado: la pequeña gigante
lucía una sonrisa, algo extraño, y es que acababa de decidir que iba a dejar de
llorar por la pérdida de sus padres, que de las lágrimas se encargasen las
nubes, las verdaderas profesionales.
144 días
desde que empezó el año
144
palabras
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