Mirando
desde el mar, las olas no podían comprender la quietud de la que hacía gala la
costa; incluso, cuando arreciaba el viento y la lluvia caía con fuerza,
aquellas piedras, las más grandes y las más pequeñas, las montañas y la arena,
permanecían aparentemente quietas.
Y,
mientras las olas curiosas escudriñaban la frontera con la tierra y la lamían
intentando erosionarla sembrando un germen de dudas, no se daban cuenta de que
ellas eran esclavas de un eterno vaivén, no se daban cuenta de que ellas eran
desde siempre las mismas.
92
días desde que empezó el año
92
palabras
Muy bonito Luisa. Dentro de unos días iré a verlas, me acordaré de este "homenaje" que las dedicas.
ResponderEliminarUn abrazo
Ay, que envidia me das.
ResponderEliminarEs muy bueno situarse, de vez en cuando, en un punto de vista diferente al común...
ResponderEliminarSanísimo, tienes razón, Hugo
ResponderEliminar