Apoyado
en una de las paredes blancas de la habitación vacía, hay un hombre sentado,
con un rostro inexpresivo y serio, triste. Mira al infinito que hay frente a
sí, mientras respira con calma y se
concentra en apartar el dolor de su mente. Pestañea.
Pasan
las horas, la posición comienza a ser incómoda y siente un extraño placer al
desentumecer los músculos. Cada vez aguanta más tiempo quieto; sin embargo el
amor y el odio, ajenos a todo, siguen estando ahí, inalterados, perennes.
Y
mientras el cuerpo vuelve a inmovilizarse, más pequeño; la tormenta interna
arrecia, continúa y le vence. Le gustaría sentir una lágrima en la mejilla,
pero descubre un día más que no puede.
117
días desde que empezó el año
117
palabras
Consumirse en una lucha inútil contra el dolor que nos causa la vida... Es una guerra perdida desde el comienzo. Un micro inquietante.
ResponderEliminar