“Necesito ropa”, ésas
eran las dos palabras que rebotaban sin cesar entre sus sienes, que resumían su
obsesión y que justificaban, según él creía, que estuviese robando las maletas
a aquella elegante mujer en el abarrotado aeropuerto.
Venía
observándola con disimulo desde hacía algunos minutos y había decidido que su
ropa era la adecuada para incorporar a su ya extenso ropero, que sería una
digna compañía de los trajes chaqueta que desde hacía meses esperaban en el
armario, cuidadosamente colgados. Aún recordaba aquel hombre de negocios de cuyo
equipaje se apropió. Aquel hombre y esta mujer hacían buena pareja y él no
podía resistir la tentación de, aunque sólo fuese con sus ropas, emparejarlos.
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días desde que empezó el año
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palabras
Qué gran idea!! Si ellos supieran la intención del ladrón igual se emparejaban realmente ¿Y si el cleptómano, en realidad, era un experto casamentero?
ResponderEliminarMuy buena historia Luisa. Un abrazo.