Siempre me funcionó cuando era
niño: después de cada travesura, gritaba o lloraba mientras señalaba a mi
hermano y ayudaba a mi madre a encontrar el culpable que necesitaba.
Lo
volví a hacer hace unos días, cuando comprobé que ya era inevitable que se
descubriera el desfalco. Me llevó un poco más de tiempo, pero pronto conseguí
que las pruebas falsas señalasen a mi socio, tras lo cual corrí a poner una
denuncia.
La
justicia es ciega.
Como
una madre, podría añadir yo.
83
días desde que empezó el año
83
palabras
jajaja, muy bueno.
ResponderEliminarMe gustó Luisa.
A mí también, aunque por el título no me lo esperaba, así que mejor. Un abrazo.
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