Cuando me acerco puedo oír ruidos
detrás de la puerta cerrada, sé que son como siempre el tiempo y el espacio
jugando. De modo que, para no encontrarme ante una realidad que no es mía y
descubrirme perdida y desorientada, como bien sabe mi psiquiatra que ya me ha
ocurrido demasiadas veces, hago como que quiero entrar y tengo algún problema
tonto e inclasificable, como si la puerta se trabase y no pudiera franquearla.
El
truco no suele fallar. Cuando la abro, estoy de nuevo en casa.
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días desde que empezó el año
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palabras
Excelente, Luisa. En pocas palabras ilustras un drama que puede llevar una vida superar.
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