Era un hombre
enamoradizo pero, durante años, había logrado encontrar siempre una excusa para
no abordar a las mujeres que amaba sustituyéndolas por otras: “ella es
demasiado simpática, demasiado alta, demasiado sincera, demasiado guapa,
demasiado rica, demasiado parlanchina, demasiado casera, demasiado directa,
demasiado religiosa, demasiado niña, demasiado seria, demasiado…”.
Le vimos vivir
una vida llena de demasiados y renuncias, tras la cual sólo nos quedó una
dolorosa sospecha: ellas nunca habían sido demasiado; en cambio, él siempre fue
poca cosa.
80
días desde que empezó el año
80
palabras
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